Los riesgos del Gas Natural Licuado en la Ría de Huelva


Vista aérea Enagas y Refinería

De izquierda a derecha: Metanero + Refasificadora de Enagas + Refinería Cepsa en el Puerto Exterior, término municipal de Palos de la Frontera (Huelva). Un riesgo inasumible.

Para transportar el gas natural (fundamentalmente compuesto por metano) desde los lugares de extracción a los países de destino, se somete a un proceso de licuado, para lo cual previamente se extraen las impurezas, básicamente agua y dióxido de carbono, tras lo cual  se procede a enfriarlo a -161 Cº, consiguiéndose que el volumen que ocupa el gas se reduzca 600 veces. En este estado líquido es como se transporta el gas en los llamados barcos metaneros, que son capaces de transportar entre 120 y 200 millones de litros de GNL. Así pues, el volumen de gas que transporta un metanero equivale a 600 veces su tamaño. En el siguiente gráfico puede observarse claramente lo que supone una reducción de un volumen 600 veces.

Volumne GNL

En el puerto de destino, el GNL se transbasa a unos enormes tanques, donde se almacenará en estado líquido, criogenizado a esa bajísima temperatura, hasta que se regasifique para su venta y distribución, de ahí que estas plantas se denominen Regasificadoras.

En las inmediacines de la ciudad de Huelva existe en la actualidad una gran planta regasificadora, propiedad de Enagas, ubicada en las instalaciones del Puerto Exterior. Se encuentra en proyecto una segunda regasificadora, en esa misma ubicación, promovida por el grupo Villar-Mir, propietario de Fertiberia.

El gas natural licuado (GNL) es una sustancia extremadamente inflamable y explosiva. El GNL es uno de los  explosivos no nucleares más potente que se conoce. El GNL, en caso de fuga de los tanques de los barcos metaneros, puede, por una parte, transformarse en vapor, generando una “nube” pesada que se extenderá a merced del viento, y que en caso de encontrarse con cualquier chispa (generada por ejemplo en cualquier proceso eléctrico, encendido de una bombilla, interruptor, arranque de un motor) o una pequeña llama se inflamará generando una nube de fuego que calcinará todo lo que se encuentre a su paso. Es más, está comprobado por los laboratorios de las propias empresas gasistas, que en determinadas circunstancias climatológicas, en conjunción con la cantidad del escape, el GNL pude llegar a inflamarse por sí solo sin necesidad de ignición externa. En condiciones ambientales, la mezcla de aire y gas natural es inflamable cuando el contenido de gas natural está comprendido aproximadamente entre el 5% y el 15% en volumen del aire.

El siguiente vídeo muestra la extremada inflamabilidad del GNL en un ejercicio realizada por un cuerpo de bomberos. El vapor que se expande como una nube pesada equivale a unos pocos litros de GNL, es fácil imaginar pues como puede llegar a ser un incendio de millones de litros, que son los que carga un metanero o se almacenan en los tanques de las regasificadoras.
[youtube http://youtu.be/dR4I3P31M_8]

Otro riesgo posible de inflamación del GNL viene determinado por la concurrencia del fenómeno conocido como  BLEVE, que es el acrónimo en inglés de “boiling liquid expanding vapour explosion” (explosión de vapores que se expanden en líquidos en ebullición). Este tipo de explosión es la que puede ocurrir en los tanques de los metaneros o de las regasificadoras que almacenan gases licuados, al sobrecalentarse en caso de incendio en el exterior de los mismos.

[yotube http://youtu.be/UM0jtD_OWLU]

Por otra parte, al margen de su extremada inflamabilidad, el GNL al transportartarse a tan bajísima temperatura, está sujeto, en caso de que por una rotura del tanque de transporte se vierta al agua, a un proceso físico denominado “transición de fase acelerada”, conocido por sus siglas en inglés, RPT (Rapid Phase Transition). El GNL a -161º C, en caso de vertido, al ponerse en contacto con el agua del mar, pasaría rápidamente del estado líquido al gaseoso. Pues bien, en este rápido proceso de cambio de fase, el GNL se muestra increiblemente explosivo. Un pequeño vertido de unos simples cientos de litros puede provocar una fuerte explosión que a su vez puede dañar la estructura del buque, generando así un vertido mayor, y con ello una deflagración  mayor, en un proceso en cadena que además se vería agravado por la ignición del gas que no hubiera explotado. Un verdadero infierno.

El siguiente vídeo, que recoge experimentos con GNL realizados por la empresa gasista francesa Gaz de France,muestra la capacidad explosiva del GNL en condiciones ambientales reales. Como se aprecia en el mismo, los experimentos se han realizado utilizando escasos litros de GNL, por lo que es fácil imaginar el tamaño y potencia de las explosiones si se tratara de vertidos al mar de millones de litros que son los que transporta un metanero.
[youtube http://youtu.be/h-EY82cVKuA]

De cuanto antecede se deduce que los procesos más peligrosos en el transporte del GNL son indudablemente los carga y descarga de los metaneros, pues son los momentos en los que más factores externos intervienen. Fallos humanos, técnicos, colisiones entre buques, vendavales, terremotos, podrían producir que se desecadenara en el proceso de carga o descarga un vertido suficientemente significativo de GNL para que la explosión subsiguiene originara una tragedia incontrolable.

De producirse un derrame con inflamación de todo la carga (entre 120 y 200 millones de litros) se produciría una nube de fuego que arrasaría, incendiando todo a su paso, unas 4500 hectáreas entorno al barco siniestrado. Partiendo de que el radio destructivo de la bomba de Hiroshima fue de 1,6 km, la deflagración o el incendio de todo el gas transportando en un metanero equivaldría a entre 20 a 30 bombas nucleares como la de Hiroshima, según el tamaño del barco y la cantidad de carga derramada. Como es fácil de suponer, ningún equipamiento de prevención podría controlar un incendio y/o explosión de GNL de tales dimensiones.

En Huelva, la situación es inconcebible, pues las administraciones medioambientales (Ministerio y Consejería) han permitido la instalación de la enorme regasificadora de Enagas y sus pantalanes de descarga de metaneros (al igual que la futura de Villar Mir) a escasos metros de una de las refinerías más grandes de Europa, la de Cepsa “La Rábida” en Palos de la Frontera, de tal manera que la regasificadora se encuentra rodeada de decenas tanques de hidrocarburos y de una actividad industrial, la del refino, que requiere constantemente de procesos inflamables.

Metanero + Planta Regasificadora + Refinería. La Población de Palos de la Frontera al fondo. Una terrible irresponsabilidad.

En caso de explosión de uno de los barcos metaneros que semanalmente entran en el Canal del Padre Santo de la ría de Huelva, el radio de devastación sería de unos 10,5 kilómetros, con lo que quedarían arrasadas las poblaciones de Palos, Mazagón, Punta Umbría y la propia ciudad de Huelva. A todo lo cual se añadirían las explosiones de los tanques de combustible almacenado en la refinería.

Tanques de la Regasificadora de Enagás en el Puerto Exterior, vistos desde la ría de Punta Umbría. Al fondo se distinguen los tanques de la refinería de Cepsa. La proximidad con Punta Umbría resulta patente.

Ni en la Autorización Ambiental Integrada concedida el 29 de enero de 2008 por la Consejería de Medio Ambiente a la ampliación de la regasificadora de Enagas, ni en la mucho más reciente Declaración de Impacto Ambiental de 9 de agosto de 2011,concedida a la empresa Energía y Gas de Huelva (Energas) del grupo Villar Mir, se menciona ni se valora en absoluto, ni de pasada, los riesgos que pueda conllevar la ubicación de las regasificadoras junto a una de las mayores refinerias de Europa. Es como si la refinería no estuviera alli, y las regasificadoras estuvieran en medio del desierto.

Pero si dicha omisión ya resulta sorprendente, no es, sin embargo, la única de las que adolecen ambas resoluciones, por supuesto favorables a la instalación de las regasificadoras. En tal sentido, ninguna de las dos menciona el riesgo de vertido, bien en el proceso de descarga o por rotura de los tanques en tierra, por causa de terremoto. Tal omisión es francamente sorprendente, teniendo en cuenta que Huelva se encuentra enclavada en una zona de riesgo sismico medio-alto, al punto que desde 1969 se han producido en Huelva cinco terremotos que han superado el 5 en la escala Richter. El de 1969, que alcanzó 7,3, el de 1989, 5,6, el de 2004, 5,5, el de 2007 llegó a 5,9 y el de 2009, 5,7. Sin embargo este hecho incontestable no merece ni la más mínima consideración ni referencia a la hora de autorizar la instalación de tanques que contienen más de 150.000 m3 de uno de la productos más inflamables y explosivos que se conocen. Para la Consejería y para el Ministerio de Medio Ambiente, es como si en Huelva ni hubiera habido ni fuera a haber terremotos, por lo que es inútil prever la incidencia de tal circunstancia en relación con el almacenamiento de millones de litros de GNL.

Pero la omisión de circunstancias previsibles que pueden incidir de un modo directo en el vertido de GNL no se limita a las dos anteriores, sino que se agrava por el hecho de que en ninguna de las dos autorizaciones se hace la menor mención al riesgo de que se produzca un tsunami en la costa de Huelva, y las consecuencias que ello pueda ocasionar en las instalaciones de la regasificadora y en el proceso de descarga de los metaneros. El riesgo de tsunami en modo alguno es despreciable, puesto que en la actualidad están constatados geológicamente cinco tsunamis catastroficos en la costa de Huelva, los de los años 1755, 1531, 949, 881 y 395 de nuestra era, todos ellos originados por sismos históricamente documentados. Pero ahí no queda la cosa, pues en fecha tan reciente como 2007, se produjo un tsunami que generó una ola de medio metro, razón ésta por la que pasó prácticamente desapercibido. Pero lo cierto es que se produjo y en cualquier momento puede producirse otro y de mayor fuerza. ¿Están preparadas las instalaciones de la regasificadora y su pantalán de descarga para soportar los efectos de un tsunami? Definitivamente, no. En el caso de la regasificadora, de inundarse por efecto del tsunami, quedaría seriamente comprometido, por no decir inutilizado, tanto el suministro eléctrico de la planta como sus generadores. Sin fluido eléctrico no podría mantenerse la criogenización que conserva el GNL en su estado líquido, subiendo por tanto la temperatura en el interior de los tanques, pasando el GNL a estado gaseoso, con los desastrosos efectos que como hemos visto ello conlleva. ¿Contemplan las autorizaciones administrativas de la planta dicha posibilidad? No. Sería un accidente prácticamente idéntico en su causación al de la central nuclear de Fukushima, y es que lo que está claro es que no escarmentamos en cabeza ajena. En caso de que el tsunami se produjera durante el proceso de descarga de un metanero en el pantalán de la regasificadora, a todo lo anterior habría que incluir el efecto que produciría el violento choque del buque contra el pantalán, con la segura fuga de GNL, y el consiguiente riesgo de inflamación y explosión de la carga.

Otro riesgo nada desdeñable sería el de colisión de los metaneros con otras embarcaciones que circulen en sus maniobras de entrada o salida del puerto de Huelva por el Canal del Padre Santo, entrada natural del puerto, y donde se ubica precisamente el pantalán de la regasificadora de Enagás y el previsto para la futura de Villar Mir. Si el riesgo de colisión ya es elevado, dado el intenso tráfico de la ría de Huelva (2000 buques anuales), el mismo se multiplicará exponencialmente si llega a construirse la segunda regasificadora, la de Villar-Mir, pues como reconoce expresamente la Resolución de Impacto Ambiental concedida por el Ministerio de Medio Ambiente, con la misma se producirá un incremento del tráfico marítimo y “según indica el estudio de impacto ambiental, tras la puesta en marcha del complejo proyectado se estima un incremento en el tráfico de GNL de unos 6.000.000 m3. Con una capacidad media de los buques metaneros de 130.000 m3, el número de este tipo de buques que supondrá el proyecto será de unos 46 anuales”.

Por último, respecto al riesgo de deflagración inherente al GNL, la Junta de Andalucía en su AAI a Enagás, guarda el más absoluto silencio. El Ministerio, respecto a este mismo riego, en relación con la regasificadora de Villar-Mir se limita a exponer lo siguiente: “el impacto sobre el medio marino de un posible escape de GNL en las operaciones de carga y descarga o debido a un accidente marítimo no se considera significativo, ya que a diferencia de otros hidrocarburos, como el petróleo, el gas natural licuado se vaporiza rápidamente al quedar flotando sobre el agua y no deja residuos”. Basta con ver los vídeos anteriores y los estudios realizados por empresas de consultoria de seguridad industrial especializadas en GNL, para determinar que el ministerio se ha despachado muy a la ligera su consideración de “riesgo no significativo” en caso de vertido.

Tanques de la Regasificadora de Enagas, desde la playa de la Punta de la Canaleta (Punta Umbría). La cercanía de la Regasificadora con una playa tan densamente ocupada y turística resulta inconcebible.

Resoluciones administrativas citadas
Alegaciones a la AAI
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Bibliografia digital
 
FUENTE: chocotoxico.blogspot.com
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